Psycho-Pass: gore, libre albedrío y minority report.

El concepto inicial de Psycho Pass es muy similar al de Minority Report, preocupántemente parecido. Este anime publicado en el 2012 nos plantea preguntas sobre el destino, la libertad individual y la sociedad en general ante la misma premisa que la obra de Dick: ¿es ético juzgar a una persona por los crímenes que todavía no ha cometido? ¿Puede una sociedad ser justa basándose en esta premisa?

Y sin embargo, a pesar de la pereza que da ver lo que parece una repetición de la misma historia que ya han contado Dick y Spielberg cada uno a su manera; y con el listón que tiene la ciencia ficción en animación, sobre todo con el genial precedente que sentó Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, Psycho Pass ofrece motivos de sobra para ser disfrutable por sí misma.

Lo primero, y que se agradece, es que no cae en los típicos clichés de animación japonesa que venían cumpliendo todas las series de anime a las que he dado una oportunidad en los últimos meses, véase machismo, personajes planos, y una sensación de déjà-vú cada vez que sale una escena en un instituto o en unas termas. Por otro lado, pese a partir de una premisa que recuerda a Minority Report, en general los parecidos quedan ahí y la construcción del mundo se realiza con mimo y en una constante búsqueda de coherencia en casi todos sus puntos.

¿De qué va psycho-pass?

En un futuro utópico en el que el delito ha sido prácticamente erradicado, las personas son a menudo juzgadas por su estado psíquico, o psycho-pass, que es capaz de medirse mediante sensores de forma que los individuos potencialmente peligrosos puedan ser aislados de la sociedad antes de cometer un crimen. Este sistema, llamado “Sybil”, también se encarga de asignar las posibilidades académicas y laborales de cada individuo de acuerdo con sus aptitudes y en un intento de maximizar su felicidad.

En este contexto, la policía, o Sección de Seguridad Pública, es un cuerpo que se encarga de detener o neutralizar a los individuos con un psycho-pass demasiado alto.

¿Por qué Psycho-pass es diferente a otros animes de ciencia ficción?

Principalmente porque más que darnos un entorno y construir una serie de incoherencias en torno a él, todos los episodios aportan detalles que funcionan a la perfección en el conjunto. Quizás sin llegar al nivel de obras como Ghost in the Shell, sí que alcanza un nivel de coherencia interna envidiable para otros universos de ciencia ficción.

Por ejemplo, ya en el primer capítulo vemos que la Sección de Seguridad Pública tiene dos tipos de empleados: Los detectives, que son los que hacen el trabajo policial y están al cargo, y los ejecutores, individuos con un psycho-pass alto que no pueden estar dentro de la sociedad, pero a los que se les permite trabajar allí porque tienen una mayor capacidad para pensar como criminales y para aislar a los detectives de experiencias que podrían suponerles un aumento de su psycho pass.

Es decir, lejos de ser una mera excusa, el psycho-pass es el centro de este universo, no como medida de criminalidad, sino como concepto dentro de la sociedad. Una sociedad obsesionada con el concepto de “belleza mental”, puesto que la belleza física es fácil de conseguir, y que recurre a terapia, drogas y todo tipo de recursos con el objetivo de no sufrir estrés, no pasar por experiencias traumáticas, no sufrir. Así su psycho pass seguirá bajo y la gente sabrá lo bella que es su psique.

De hecho, de nuevo en el primer episodio, se nos plantea cómo una mujer, tras ser atacada, usada como rehén y a punto de ser violada, es considerada un objetivo por la policía: recién neutralizado su atacante, la experiencia le ha supuesto un trauma que aumenta su psycho pass hasta límites no permitidos, lo que hace que la policía la persiga para neutralizarla y encerrarla hasta que vuelvan a la normalidad. Podéis esperar que una persona en esta situación huya de las pistolas tranquilizantes, aumentando más su psycho pass y generando un círculo vicioso.

Pero hay algo más, es el realismo de algunas propuestas: coches similares a los actuales, sin grandes alardes, pero que se conducen a sí mismos. La importancia de los entornos virtuales. La vigilancia constante por parte del gobierno. El contraste de una escena violenta perpetrada por dos hologramas monísimos (en portada) que sirven de avatares a los detectives cuando van a resolver un caso. Cyborgs. Inteligencias Artificiales. Drones. Referencias a Dyck y a Gybson, a Sartre, Pascal y Ortega y Gasset.

Y por último: aunque la serie se centre en un villano (genial, por cierto) al principio nos muestra algunos casos, atisbos de una trama más grande pero autoconclusivos, que en general son resueltos de forma inteligente y gratificante. Nadie se inventa una nueva pista, ni tiene una revelación sobre la solución a un caso. En general utilizan analítica de datos totalmente lógica y creíble, lo cual me encanta.

Por lo demás, no perdáis la oportunidad de echarle un ojo si os gusta la animación o la ciencia ficción, o simplemente queréis ver una historia de detectives con un villano que mola bastante y una protagonista femenina equilibrada, que no es un objeto sexual y que evoluciona a lo largo de la trama, algo que se agradece en el medio.

Psycho-pass ya ha recibido una segunda temporada y un OVA, pero aún no los he visto. Posiblemente escriba algo más sobre ellos cuando tenga oportunidad de echarles el guante.