El peligro de los wearables: la brecha social digital

Este post no va de explicar qué son los wearables, para ello tienes otras fuentes de información que te lo explicarán mejor que yo.

Lo que sí me llama la atención son las posibles consecuencias de la generalización del uso de wearables, tal y como apunta The idea channel en uno de sus últimos vídeos.

Parte de su tesis es que los wearables son bienes de consumo, un símbolo de estatus y promoción de sí mismos, todo al mismo tiempo. De este modo, los wearables nos identifican y nos integran dentro de un grupo social. Esto no nos sorprende mucho si estamos familiarizados con las teorías de Pierre Bourdieu, que especificaba que todo acto de consumo es, básicamente, una forma de integrarnos en una u otra clase social.

Saliendo de este aspecto, los wearables también ofrecen una ventaja competitiva a los individuos que disponen de ellos: nos aportan más información sobre nosotros mismos, nos permiten estar más saludables y no es de extrañar que en un futuro cercano nos aporten información más rápido, de forma más directa o que incluso nos hagan más fuertes, inteligentes o atractivos. Al fin y al cabo ya tenemos exoesqueletos, drogas para potenciar la inteligencia y la cirugía plástica llegó para quedarse hace tiempo.

exoesqueleto

Es aquí cuando surge un problema: el acceso por parte de un individuo al dinero y al poder siempre han sido enormes factores de diferenciación. Pero ahora tenemos la capacidad hacer bienes de consumo con una separación tan mínima del concepto biológico de humano y un potencial para convertirnos, si no en algo más que humano -intentaré no hacer referencia a Nietzche aquí-, sí en un humano con una capacidad superior. Y hacerlos accesibles solo para unos pocos.

Gods Among Us

Una posible vertiente es que las capacidades de las personas con un mayor acceso a esta tecnología vean sus capacidades aumentadas en todos los sentidos. Podríamos llegar a un punto en el que las élites dominantes multipliquen rápidamente su control y su capacidad para aumentar la diferenciación social, disminuyendo el poder del resto de individuos dentro de la sociedad.

O quizás no sea para tanto…

Sin embargo, por otra parte, estas son atribuciones que siempre han correspondido a las élites. Mejor educación, mejores servicios sanitarios, mayor capacidad para protegerse a sí mismos y también de quedar impunes agrediendo a otros. Es más, podríamos decir que estos privilegios son ahora -o durante los primeros años del s. XXI- más limitados que nunca, especialmente en los países occidentales. La abolición de la esclavitud, la mejora de las condiciones de trabajo, la mejora en la sanidad y educación públicas, a pesar de sus limitaciones, han ayudado hasta hace poco a reducir estas diferencias.

Puede que la tecnología esté añadiendo un punto de diferenciación adicional, pero citando al gran profesor Ian Malcom, “la vida se abre camino”. Internet y los smartphones han supuesto, quizás, las dos tecnologías que podían contribuir a crear una nueva brecha entre clases emergentes en función de su acceso a conocimiento y formas de comunicación. Y sin embargo ambas tecnologías tienen una amplia aceptación en países en vías de desarrollo, y surgen soluciones asequibles que buscan llegar a estos mercados con ofertas especialmente diseñadas. De hecho, hay menos distancia en la penetración de smartphones de la India a Portugal que de España a Arabia Saudí (datos de Google), por lo que vemos que las tecnologías disruptivas que ofrecen una clara ventaja son adoptadas rápidamente por 2 motivos: suelen ser una oportunidad de negocio para empresas que quieren entrar en grandes mercados, aunque sea con versiones de menor coste pero con funcionalidades similares, y que las ventajas que ofrecen son tan claras que la adopción es casi inmediata independientemente de factores sociales o culturales.

Es por ello que en el fondo no me preocupa excesivamente que los wearables sean una nueva forma de discriminación social. El consumo en sí mismo habla de identificación y exclusión, pero también intenta llegar al mayor número de compradores posible, democratizando la adopción de nuevas tecnologías. Así que no creo que en el futuro veamos a superhéroes caminando entre nosotros, mortales, sin hacer nada. Si llegamos a ese punto, me imagino más un proceso horizontal, rápido y caótico que subraye el hecho de que, en el fondo y a pesar de la tecnología, somos humanos y potencialmente gilipollas.

  • Muy interesante. Leyendo esto me he acordado de Gattaca y de Elysium, ambas tocan el tema de la brecha social por culpa de la tecnología. También me he acordado de las tesis cyber-feministas de Donna Haraway, quien afirmaba que la implantación de tecnologías en el cuerpo ayudaría a “borrar” las barreras que nos diferencian: raza, género… ayudando a construir una suciedad más equitativa. Sus detractores por supuesto siempre la criticaron el hecho de que aunque los ciborgs supusieran la superación de barreras sociales acentuarían una mucho más importante, la económica, la de aquellos que puedan permitirse la tecnología y los que no. Nos espera un futuro fascinante ocurra lo que ocurra.

    • Los chinos tienen un dicho: “Que no te toque vivir tiempos interesantes”.

      No entiendo a los chinos.