Follarte a un robot

En su novela “Los desposeídos”, Ursula K. Le Guin creó una sociedad utópica anarquista en la luna. En el idioma de esta sociedad “perfecta” no existe la palabra “follar”, o más concretamente el concepto de “follarse” a alguien. Para ellos el acto sexual se produce entre dos personas, no se ejerce la una sobre la otra. Por ello lo más cercano que tienen para entender el “follarse” que usan las personas de su planeta de origen, es el concepto “violar”.

Tras leer este libro me prometí intentar no hablar de si alguien se tira a alguien se le follan. Se folla con, no se folla a nadie.

Pero hoy hablamos robots y ya no lo tengo tan claro.

realdoll

El telón de fondo al artículo: Her y Ex Machina. Dos películas, aún en el imaginario colectivo, que tratan sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y la implicación emocional entre humanos e IA. Ambas comparten una visión pesimista de estas relaciones y una ambientación que incomoda por lo plausible que es.

En ambas un varón se enamora perdidamente de una mujer que acaba decepcionándole. Una mujer que no es tal, es un robot. Un robot cuyo interés nada tiene que ver con el de otra persona.

¿Es esto una metáfora de la soledad del s. XXI, la incapacidad de conectar con otras personas sin evitar el dolor y el refugio en una relación asimétrica con una cosa? ¿Una reflexión sobre la naturaleza del ser humano y la necesidad de códigos éticos en una época de desarrollo tecnológico? ¿Son odas postmodernas a la masculinidad y el perverso rol de la mujer-robot? O son dos directores reconociendo la falsedad de las construcciones sociales erigidas en torno al sexo -fidelidad, amor, sacrificio, familia- diciendo: “churri, en cuanto la vagina en lata sepa responderme dos frases seguidas sin colgarse, me voy de casa“.

Obviamente la última pregunta es de coña. Obviamente, también, es una perspectiva muy real.

Realdoll, los creadores de las muñecas sexuales de silicona más famosas del mundo, se están metiendo en el mundo de la robótica. De momento están dedicando todos sus esfuerzos a crear una cabeza parlante a la que te puedes follar. También se la puedes poner a una muñeca y follarte a la muñeca. Seguramente haya combinaciones aún más creativas.

El experimento será una mezcla entre Siri y una Stancy Malibu real size, que dará más mal rollo que otra cosa. Según el CEO de la compañía, quiere que la gente se pregunte si tienen ilusiones y pensamientos propios. Calculo que estén más preocupados en cómo apagarlo y/o exorcizar al bicho.

Y sin embargo, la tecnología avanza a pasos agigantados. Si ayer nos costaba que un robot se moviese a dos por hora sin irse de bruces al suelo, ya tenemos robots de dos piernas multifunción y robots de 4 piernas que corren más rápido que Usain Bolt.

Es decir, los robots sexuales son una ridiculez, pero en 5 o 10 años no lo serán. Si “Her” es una película que se siente tan natural a día de hoy, quizás sea porque algo similar no esté a tanta distancia.

Y es ahí cuando el subtexto de estas películas se convierte en algo muy importante: ¿Qué nos dicen sobre nosotros mismos y qué lecciones podemos sacar de ellas?

Lucid Dreams V2 from Veiviev Limited on Vimeo.

Estas películas nos muestran el inevitable triunfo de la máquina sobre el ser humano. Nos dicen que las máquinas serán un refugio para una generación de personas que prefieren satisfacción inmediata y no desafiante. Una especie de buzzfeed, que en vez de “leer”, te tiras.

Nos dicen que el ser humano está destinado a convertirse en un pequeño Dios en su micro feudo de máquinas, porque la interacción con otros seres humanos le relega a una posición que no es cómoda.

En definitiva, las películas hablan de si los robots nos superarán, dejando abierta la puerta a que nos reemplacen. La industria corre hacia ese desenlace.

Y mientras el ser humano va quedando reducido por la tecnología, como un padre que te ayuda hasta anularte. Quizás algún día nos reemplacen las máquinas y no estoy seguro de si hay algo que podamos hacer para evitarlo. Es más interesante si quedará algo de nosotros que merezca la pena conservar el día que decidan reemplazarnos.

  • Una reflexión interesantísima. Efectivamente es un tema cuya realidad está a la vuelta de la esquina y con el que tendremos que lidiar moralmente. Sin embargo, cuanto más lo pienso más “humano” me parece, quiero decir que nuestra especie siempre se ha caracterizado por esa capacidad de sustitución, de empatizar con objetos inanimados para paliar carencias emocionales. Freud ya se interesó por el fetichismo de los niños con los peluches, por ejemplo. En ese sentido podemos entender esos robots sexuales desde dos perspectivas, como meros juguetes de entretenimiento, videojuegos en el que utilizas tu propio joystick por decirlo de alguna forma, sin mayor implicación social o emocional, o como formas de paliar la soledad emocional en una sociedad cada vez más aislada y en la que cada vez cuesta más conectar físicamente. En el primer caso no vería conflicto moral, y en el segundo creo que el problema radica más en las carencias afectivas de nuestra sociedad que en los propios robots, que simplemente vendrían a cubrir una necesidad.

    Lo que también me parece muy interesante, no es tanto el debate moral por el uso del robot en sí, sino el concepto de robot como metáfora, como elemento del imaginario colectivo. En ese aspecto resulta remarcable que en el 99% de los casos de ficción son robots femeninos, tan solo recuerdo una película (I.A.) en el que aparece un robot prostituto. Supongo que tiene que ver con una cuestión de la construcción social de la masculinidad que viene heredada ya desde Grecia, donde no imaginaban robots, pero sí estatuas femeninas modeladas a gusto del artista y que cobraban vida para satisfacer sus deseos (el mito de Pigmalión).

    Creo que ya te recomendé hace tiempo, y sino lo hago ahora, el libro “El rival de Prometeo”, una recopilación de textos desde la Ilustración hasta nuestros días en los que se reflexiona sobre los autómatas, muy muy recomendable. Te recomiendo también la serie sueca “Real Humans”, o el remake americano/británico que acaban de lanzar ahora mismo (van por el segundo capítulo).

    • Seguramente me los hayas recomendado ya, y les tengo que echar un ojo 🙂

      Sobre la serie, me recomiendas la original o la adaptación?

      Sobre robots y amor/sexo, como bien dices me parece curioso que siempre sean mujeres. El concepto de mujer objeto adquiere una nueva dimensión. De hecho creo que ambas películas -encantándome las dos- pueden leerse como una narración fundamentalmente misógina. Pero claro, no es una mujer, es un robot. Has qué punto es válido este argumento cuando el resto de las características son de mujer?

      Es más, qué dice de nosotros que construyamos robots heterosexuales, sexuados y con una distinción binaria entre sexos ignorando puntos intermedios?

      Y aunque tiendo a ser precavido usando a Freud, estoy totalmente de acuerdo en que un marco basado en el psicoanálisis puede ser muy, muy interesante para estudiar la representación del robot.

      Escribimos un paper sobre el tema y lo mandamos a algún sitio? 🙂